El niño aún puro se dirigió ante ella. Con la voz temblorosa entonó unas palabras con las que trató de expresar sus más profundos sentimientos. Entregó su corazón enamorado y aguardó, expectante. Ella permanecía parada frente suyo. Su mirada le abria el pecho, lo atravesaba. Hasta que al fin, sus dulces labios se separaron. Ella dijo: Lo siento, no te quiero.